Alejandro se limitó a asentir. Bajó la vista hacia Luciana y habló con voz serena.
—Tranquila, aquí estaré. No tengas miedo.
—De acuerdo… —respondió ella, tomando aliento antes de entrar.
El profesor las condujo a una pequeña sala de reuniones. Allí se encontraban el decano y el director académico, además de otros representantes de la facultad. También estaba Delio, quien, al ver a Luciana, la saludó con una leve inclinación de cabeza y una sonrisa alentadora. Solo ese gesto la hizo sentir algo