—Déjalo; no está de humor. Que se marche si quiere.
***
Dentro del auto, Sergio le preguntó:
—Alejandro, ¿a dónde vamos?
Reclinado contra la puerta, Alejandro soltó con desgana:
—¿A dónde más? Vamos a casa.
—Entendido, Alejandro —respondió Sergio, pensando que, al final, Alejandro no podía desligarse de Luciana, pese a la supuesta “infidelidad”.
Pero al llegar a Rinconada, se toparon con una sorpresa.
Luciana no estaba.
Alejandro, sin querer creerlo, revisó dormitorio y estudio, rebuscando por t