Escuchar aquello dejó a Felipe sin argumentos. Llamó de inmediato y consiguió un auto. Simón cargó el equipaje en la cajuela.
—Felipe, Amy, Simón, gracias por todo. —Luciana se despidió con un leve gesto antes de subir al taxi. Bajó la ventanilla para darles un último adiós, y luego el vehículo partió, perdiéndose de vista.
En la entrada, los tres se observaron con preocupación.
—Simón —comenzó Felipe—. Tú debes saber algo, ¿qué pasó exactamente?
—Pues… —Simón balbuceó, y terminó por relatar la