—Habla claro.
—Eso… —Mónica tragó saliva con nervios—. Él y yo íbamos a almorzar juntos. Me llamó cuando tú… le pediste ayuda por teléfono, y justo en ese momento…
«Así que mientras yo no lo sabía, ellos se veían… ¿cuántas veces lo habrán hecho?»
Luciana sintió un escalofrío recorriéndole el cuerpo.
En ese preciso instante, sonaron pasos en la puerta. Era Alejandro, quien llegaba con Sergio y Juan.
—¡Luciana! —exclamó, fijándose primero en ella y luego en Mónica, a quien Luciana inmovilizaba con