Probablemente, desde el principio, había pensado celebrarlo con Mónica. «Bien», se dijo, «será mejor no volver a tomarme tantas molestias. Él no lo necesita, yo hago el esfuerzo y al final solo termino humillándome.»
Acostada en la cama, apagó la luz, dispuesta a dormir. De pronto, escuchó un leve ruido en la puerta, como si alguien estuviera maniobrando la cerradura. Se incorporó de inmediato.
Tal como temía, la puerta se abrió; la luz inundó la habitación. Alejandro entró y, sin mirar atrás, l