Apenas hubo tiempo de reaccionar. De pronto, un brazo se interpuso velozmente para desviar a Pedro y la brasera se volcó, soltando trozos de carbón al rojo vivo. Algunos fueron a parar directamente al brazo que protegía al chico.
—¡Ah…! —De Alejandro escapó un breve quejido de dolor.
Por un par de segundos, la mente de Luciana se quedó en blanco.
—¡Alex! —exclamó, tomada por el pánico. Rápidamente tomó su brazo para revisarlo—. Déjame ver.
Tan solo un vistazo bastó para darse cuenta de la graved