Al llegar al despacho del CEO, se topó con Simón, quien se mostró sorprendido y algo apenado.
—¡Luciana! ¿Cómo es que viniste sola? Justo estaba por ir a buscarte.
—No pasa nada —respondió ella con una sonrisa, bajando la mochila—. Además, sé que andas ocupado. No soy una niña chiquita; puedo venir por mi cuenta.
Luego miró a Simón con curiosidad:
—¿Todavía sigue la reunión con Alejandro?
—Sí, sigue ahí, en la sala de al lado —explicó Simón, señalando con el pulgar hacia una puerta contigua—. To