—No hables así, abuelo… —Al recordarle el expediente que leyó, los ojos de Luciana se humedecieron—. Vas a vivir mucho tiempo. Tienes que verme convertida en la mejor cirujana, y también ver a Pedro triunfar cuando regrese del instituto.
—Sí, sí, claro. —Miguel sonrió—. No llores. Haré mi mayor esfuerzo para quedarme aquí el mayor tiempo posible.
***
Justo cuando Alejandro estaba hasta el cuello de trabajo, recibió la llamada de Miguel.
—Abuelo, ¿qué sucede?
—Hoy irás por Luciana —respondió Migu