Alejandro reprimió la alegría que inundaba su corazón. Miró a Martina para confirmar:
—¿Luciana dijo que no le gusta Fernando?
—Eh... —Martina bajó la voz—. Sus palabras exactas fueron: «Ya no lo amo».
¡Magnífico! ¡Era lo mejor que había escuchado en días! Alejandro estaba eufórico, más feliz que si hubiera firmado un contrato millonario.
—Esto es para ti —le entregó el pastel que había traído—. Es el favorito de Luciana.
—Oh, gracias.
El hombre se dio la vuelta y se marchó, ligero como una plum