En la puerta de la oficina del director Delio, Luciana marcó el número de Sergio.
—Luciana.
—Sergio.
Mordiéndose el labio inferior, se armó de valor para hablar:
—¿Puedo hablar un momento con Alejandro?
—Claro, él está aquí.
En menos de dos segundos, se escuchó otra voz al otro lado de la línea.
—¿Sí? —respondió Alejandro con un tono distante—. ¿Qué quieres?
Luciana fue directa:
—¿Es idea tuya que me integren al equipo del proyecto cardiopulmonar?
Era una pregunta directa, pero sabía que si era