Esa noche, cerca de las ocho, Luciana recibió una llamada de Juan. Contestó extrañada.
—¿Sí?
—Luciana, estoy camino a la villa Trébol. ¿Estás en casa?
Luciana parpadeó, desconcertada.
—¿Y tú qué haces yendo a la villa Trébol?
—Es una orden de Alejandro. He recogido todas tus cosas de Casa Guzmán, y me pidió que te las trajera.
Ah, claro. Luciana sintió una leve inquietud. Lo cierto era que ella no estaba en la villa Trébol.
—Espera un momento, ahora no estoy ahí.
—No pasa nada —respondió Juan—.