Ella se acercó, pero mantuvo una distancia prudente.
—¿Para qué querías verme?
—Nada, solo… —respondió él, esforzándose por mantener una sonrisa mientras le extendía la bolsa—. Te compré algunas cosas que sé que te gustan. Tómalas, por favor.
Luciana no quería aceptarla. Sin embargo, ante la insistencia de su padre y con tantas personas alrededor, no tuvo otra opción. La tomó, sabiendo que solo eran unos cuantos snacks sin gran valor.
Ricardo suspiró aliviado, observándola de arriba a abajo, son