El golpe no fue fuerte, pero encendió la furia que Alejandro llevaba conteniendo. Toda esa tensión acumulada por los problemas con Mónica, ese absurdo apego a Luciana, todo explotó de golpe. ¿Para qué seguía tratando de retenerla? Ella ni siquiera se molestaba en disimular su indiferencia, en cambio, se daba el lujo de verse con su ex.
Alejandro la sujetó con fuerza, ignorando sus lágrimas y la desesperación en sus ojos.
—¡Alejandro, basta!
Pero él no la escuchó. Y cuando finalmente terminó, Luc