Cuando sus dedos apenas rozaron el cabello, la mujer despertó, alzando el rostro. Su piel pálida y sin maquillaje quedó al descubierto.
Era Mónica.
Alejandro frunció ligeramente el ceño, sintiendo un extraño remolino en su pecho.
—Alex —Mónica mostró una expresión de alivio al verlo despierto—. ¡Ya despertaste! ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien, no te preocupes. Pero tú… —Él se fijó en que tenía varios vendajes en la cara y un brazo envuelto, con manchas de sangre visibles bajo las vendas.
—¿Estás m