Sus palabras parecieron calmar a Alejandro. Claro, recordó, Luciana estaba embarazada; no podía permitirse tanto agotamiento.
—Es cierto —añadió Sergio, aprovechando para apoyar a Mónica—. Luciana vino tan pronto supo del accidente, estaba muy preocupada por ti. De hecho, fui yo quien insistió en que regresara a descansar. Seguro que no tardará en venir.
—Sí, vendrá en cualquier momento —secundó Mónica, esforzándose por sonreír.
—¿Qué hora es? —preguntó Alejandro, visiblemente más tranquilo pero