—¿Entonces qué quieres que haga? —Ivana lo miró, inquieta—. Si Martina estuviera despierta, aunque siguiera muy grave, yo no diría nada… Tú sabes que a mí de verdad me importa Martina.
Frunció el ceño y suspiró.
—Pero, Salvador, tú también lo sabes… Martina no va a despertar.
—¡Mamá! —él la cortó, impaciente.
Esa frase era lo único que no soportaba oír.
—El doctor no dijo eso. No dijo que hubiera un cien por ciento de que no despertara.
—Salvador… —Ivana lo miró con una mezcla de ternura y miedo