Luciana suspiró, resignada.
—Lo que pasó con Fernando no estuvo bien, lo admito. Pero no es lo que piensas.
—¿Y tu primera reacción? —Alejandro apretó los dientes, desesperado—. ¡Me hiciste pensar que eres... que eres...!
—Déjame terminar —lo cortó Luciana, su tono aún sereno—. Entiendo que, por lo que soy y por mi pasado, no confíes en mí.
—No, no, por favor, no te enfades. No volverá a pasar, lo juro —Alejandro estaba nervioso, su voz reflejaba una súplica velada.
Luciana sonrió con tristeza.