Pero él… nada.
—No sé cómo esté —Luciana frunció el ceño—. ¿Le saldrá bien?
Si salió ayer, a estas horas ya debe estar en Toronto. Pensó en las otras veces en que Alejandro había pasado por trances parecidos: casi siempre, obra de esa familia. ¿Volverían con otro golpe sucio?
—Salva dijo que Sergio se quedó, y que Alejandro viajó con Juan Muriel y Simón Muriel.
—Menos mal que no va solo —Luciana soltó un poco el aire.
Aun así, desde que Alejandro se fue, no podía aquietar el corazón.
En el cuart