—Tú a lo tuyo y yo a lo mío —a Martina se le borró la sonrisa—. ¿Por qué tendría que hacerte caso?
—No quise decir eso…
La tensión iba en aumento, y eso era lo último que Salvador quería.
—¿Salva?
El ruido los había despertado. Estella se incorporó con una mano en la frente, hecha polvo. De la botella de vino tinto de anoche, Salvador apenas probó un par de sorbos; casi todo lo tomó ella, y ahora la resaca le pasaba factura.
—Tu amiga ya despertó —dijo Martina, esbozando una sonrisa—. Ve.
—Y tú…