Apenas Estella se fue, la cara de Salvador se vino abajo.
Martina se había marchado: bastó una frase suya… y se fue.
Tch. Se llevó los dedos al entrecejo. Al enfriarse, lo vio más claro: había sido impulsivo —sí—, aunque ella tampoco estaba bien reteniendo algo que no era suyo.
Pero Martina no es de perder los límites porque sí; seguro lo calculó para hacerlo estallar.
Y él, fácil de provocar, mordió el anzuelo.
¿Dónde estaría ahora?
Marcó su número.
Entró la llamada, pero no contestó. Volvió a