Por tratarse de algo privado de Estella, Salvador no delegó en Manuel: fue él mismo, lo arregló todo y dio por zanjado el asunto.
Cuando volvió a Residencial Jacarandá, habían pasado dos horas.
Julia abrió la puerta.
—Señor Morán, ¿ya regresó? ¿Comió algo afuera?
Salvador no contestó eso.
—¿Dónde está Martina?
—Ya cenó —respondió Julia—. Y ya es algo tarde.
Eran más de las siete, pasada la hora de la cena. Salvador frunció apenas el ceño.
—¿Le sirvo ahora?
—En un rato —dijo, subiendo las escaler