Ya era de noche.
Antes de irse, Alejandro pasó por la puerta del dormitorio y, como movido por un impulso, la abrió. Su visión era excelente, y aunque la habitación estaba a oscuras, caminó con facilidad hasta la cama. Luciana ya estaba profundamente dormida. Se sentó al borde de la cama, observando sus rasgos con detenimiento.
¿Por qué le había hecho esa pregunta esta noche? ¿Fernando no quería al bebé? ¿Estaba ella sufriendo por eso?
Un nudo se formó en su pecho, como si algo le rasgara el cor