Luciana se quedó pasmada al verlo; ¿cuándo había llegado? ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? ¿Por qué?
—¿Ya regresaste? ¿Por qué tan tarde? —Alejandro se plantó frente a ella; al notar el cansancio en su rostro, la rabia le subió por las venas.
—Eh… El trabajo estuvo pesado.
—¿Trabajo? —soltó una risita sarcástica—. ¿Vienes del hospital?
Antes de que contestara, gruñó:
—Mírame. Nada de mentiras.
Luciana alzó la mirada, atrapada por aquellos ojos. No pudo articular ninguna excusa.
—¿Te quedaste muda? —s