—¡Dulces! —Alba lo distingue al instante.
—¡Exacto!
Victoria destapa el frasco.
—Son gomitas de osito. —Mientras habla, le toma la manita—. ¿Traes las manos limpias, mi vida?
—Limpias —Alba clava los ojos en el bote de caramelos.
Victoria las revisa con cuidado.
—Mmm… sí, están limpias.
Solo entonces deja caer unas cuantas en su pequeña palma.
—Anda, cómelas.
Alba se mete una a la boca y Victoria le pregunta, sonriente:
—¿Rica? ¿Te gusta?
—Muy rica —asiente con los ojos bien abiertos.
Su ánimo p