—Dile que yo voy por su mamá…
—Claro, señor Guzmán.
Cumplidas las indicaciones, Simón regresó con el uniforme táctico.
Alejandro se lo puso sin perder tiempo. No era solo que no pudiera quedarse de brazos cruzados; mientras más manos buscaban, más posibilidades había. Y tal vez, justo la suya fuera la que diera con ella.
—Vámonos.
Antes de salir, sonó el celular: era Enzo Hernández. Alejandro reconoció el número de un vistazo. ¿Tendría novedades?
—¿Sí?
—Señor Guzmán, le mando una imagen; revísel