Mientras hablaba, ya se había puesto de pie.
—¡No! —Alejandro la tomó de la mano—. No queremos ocultarte nada; solo temíamos preocuparte.
¿A qué se refería? Luciana se puso en guardia.
—¿Quieres decir que el accidente de anoche no fue fortuito? ¿Alguien intentó hacerte daño?
—Luciana, tranquila —intervino Sergio—. Sí lo temimos al principio, pero según la investigación del señor Morán, fue un simple accidente.
—Menos mal.
Luciana soltó un gran suspiro.
Un accidente nunca es bueno, pero es mejor