Al verla así, Mateo frunció el ceño:
—¿No fuiste acaso al hospital para un chequeo?
—Sí, estoy tomando la medicina que me dieron.
Lucía sintió un escalofrío en la espalda y la garganta tensa.
No se atrevía a mirar a los ojos negros de Mateo, temiendo que su aguda percepción pudiera descubrir algo.
—Ya han pasado uno o dos días desde que dijiste que irías —dijo Mateo con expresión seria—. Trae la medicina que te recetaron para preguntarle a Daniel. Si no es efectiva, le pediré que te envíe algo m