Lucía se quedó inmóvil sin saber que más decir.
Mateo nunca había sido tan amable con ella.
Si no fuera por los tres años estipulados en el contrato, si no existiera Camila, este gesto y estas palabras de Mateo habrían reavivado su deseo de permanecer a su lado.
—Sé que Daniel no me haría daño —asintió Lucía—, pero de verdad ya me revisaron y no hay ningún problema serio. Mateo, ¿por qué no me crees? ¿Acaso parezco enferma?
—¿O piensas acaso que parezco embarazada?
Lucía tomó la iniciativa esta