Él mantuvo su sonrisa, su voz tan suave como siempre:
—Lo dijiste, sí. Solo pasaba casualmente y quise traerte algo.
El semblante de Mariana se ensombreció, y respondió con sarcasmo:
—¿Y tu dichoso "algo casual" son flores?
—Sí.
Él no lo negó.
—No me interesan estas cosas —dijo Mariana con frialdad—. Si sigues molestándome, me veré obligada a llamar a la policía y que venga a ayudarme a sacarte de patadas.
Lucía se quedó perpleja.
No esperaba que Mariana fuera tan fría con él.
Y el hombre parec