—De ninguna manera —respondió ella.
En ese momento llevaba puesto un saco que ocultaba su blusa. Justo cuando iba a quitárselo, él la había arrastrado hasta allí.
—¿No crees que es un poco tarde para cubrirte? —se burló Mateo, sus ojos llenos de posesividad mientras sus dedos rozaban su pecho.
Lucía vio en su mirada algo que nunca había notado antes: el deseo depredador de un hombre hacia una mujer. Sintió el peligro e intentó alejarse.
Pero Mateo no se lo permitió, manteniéndola acorralada: —Lu