Mundo de ficçãoIniciar sessão—Señor—dijo Dante tendiéndome la pistola, la misma que me había tendido en la iglesia que vi a Doménico.
La tomé con determinación y rapidez, la revisé, estaba cargada, no quería que se percataran del temblor de mis manos, ese maldito tenía a lo más sagrado de mi vida.
Doménico me dedicó una larga mirada de soslayo, sentía una extraña aura que nos envolvía, estaba







