Los días siguieron pasando, y en lo único que podía pensar era en Belov. Todo el tiempo que estuve en el hospital imaginé mil formas de matarlo, pero ninguna me convencía del todo. Quería masacrarlo, pero a la vez no.
—¿En qué piensas tanto? —me preguntó Vlad.
Yo le sonreí.
—Llévame a ver a Belov. Creo que ya es hora de saldar la cuenta con él —le dije.
Vlad negó con la cabeza. Sé que él estaba preocupado, pero yo ya me sentía muy bien, y necesitaba cerrar ese capítulo de mi vida de una vez por