Me tiré sobre su cuerpo de manera pesada y lo miré a los ojos, esos ojos que muy en el fondo me encantaban, pero que jamás admitiría. Decirle sería como… Dios, ni sé qué pasaría si le digo que me gustan sus ojos.
—Apuesto a que estás pensando en miles de formas de asesinarme mientras duermo —me dijo él.
Yo me bajé de su cuerpo y me senté en la cama, después lo empujé con el pie.
—Bájate y vete, no quiero verte en lo que resta del día —le dije de mal humor.
Él me quedó mirando y se sentó también