Me tapé con la sábana y sonreí al recordar la cara de Mikhail. Si seguía así, en cualquier momento iba a terminar muerto. Pero se lo merecía, él solo se había buscado todo eso, por imbécil. Respiré profundamente y volví a sonreír.
La puerta se abrió y entró el hermano de Vlad. Él me miró y puso mala cara de inmediato.
—Toma, creo que la necesitas —me dijo.
Yo tomé la ropa y la puse en la cama. Él no se fue, solo se quedó mirándome. Después se acercó a mí y tomó mi rostro entre sus manos. Esto e