Me desnude apenas entre a mi habitación; quería un buen baño; me sentía todo pegajoso. La sangre de ese hijo de puta estaba por todo mi rostro y ropa, la cual tendrá que desechar. Si mi madre se daba cuenta, me iba a colgar de las pelotas.
Escuché la puerta abrirse y me di la vuelta. Pia estaba al pie de la puerta; yo me tapé la polla con las manos y la miré.
—¿Qué haces aquí?— Le pregunté, ella desvío la mirada.
—Quería saber cómo estaba —me contestó.
Yo agarré una almohada y me tapé con ella.