Ver la furia en sus ojos hizo que me acobardara de inmediato. Salí corriendo a la habitación, la cerré con llave y me senté en la cama. Tal vez me pasé un poquito con lo que hice, ¿pero se supone que él tiene mucho dinero, no? ¿Por qué estaba tan enojado? Él podía simplemente comprar más cosas. ¡Carajo! Yo había actuado como lo haría él. Se me estaba pegando su inmadurez.
—¡Abre la puerta, Muriel! —gritó él con rabia.
Yo empecé a morderme la uña; si seguía así, iba a quedar sin dedo. Pero era m