Había pasado una semana desde que llegué a Nápoles. El señor Luigi era muy bueno conmigo; de hecho, me dio trabajo para ayudarlo en los quehaceres de la casa, y hoy, tenía mi primer pago. Estaba tan feliz.
— Esto es por tu trabajo, y esto es para ti — me dijo.
Tomé el dinero. Él era tan considerado conmigo, justo como un abuelito. De hecho, me había encariñado con él.
— No es necesario que me dé dinero de más. Con lo que me está pagando es más que suficiente — le dije.
Él negó con la cabeza