Padre llegó a primera hora de la mañana a mi casa. Yo lo miré con el ceño fruncido. Sabía que iba a decirme algo, y eso era molesto, y más en mi estado. Hoy había amanecido de malas, mi brazo me dolía como el infierno.
— ¿Pasó algo? — Le pregunté.
Por la cara de mi padre, sí pasaba algo, y ya imaginaba qué era.
— Berlusconi me contó lo que hizo esa niña. Se suponía que ella debía morir en ese lugar, fue una orden mía, pero tú pediste algo completamente diferente. ¿Qué pretendías dejándola co