Mariano aún me miraba, no sé si era porque quería decirme algo, o simplemente ya estaba muerto. Empecé a tratar de liberarme, pero la silla terminó volcada a un lado. Miré a Mariano, pero su mirada estaba fija. Él... ya había muerto, y yo tendría un final aún peor.
Las horas pasaron y nadie entraba a la habitación. Mi brazo estaba entumecido por la posición y el peso de la silla. Mi pierna lastimada también dolía horriblemente. Quería a Fabien, lo quería conmigo.
— Fabien, por favor ven por mí.