Todo era un desastre. Los estruendos de disparos llenaban el aire, y yo estaba muerta de miedo. No por mí, sino por él. Fabien estaba sangrando demasiado, y todo era culpa mía.
Piero se acercó a nosotros y levantó a Fabien. Jacob también se aproximó, y los cuatro salimos del jardín. Nadie sabía de dónde venían los disparos. Metieron a Fabien en la enfermería, y William quitó la camisa para verificar su estado.
— Tenemos que llevarlo al hospital — nos dijo.
Mi mundo se fue al carajo. Fabien se