C65- SU PERDICIÓN, SU SALVACIÓN
Emma acarició el rostro de Santiago bajo la luz de la lámpara, hasta que sus dedos se detuvieron en los ojos de él: uno verde, el otro azul.
—¿De quién heredaste estos ojos? —preguntó con curiosidad.
Santiago tragó saliva de golpe.
El recuerdo de su madre lo golpeó de inmediato, pero intentó recomponerse rápido.
—De mi mamá, Estefanía. Ella los tenía igual.
Emma sonrió con ternura y por un momento se imaginó a Santiago de pequeño, corriendo con esos mismos ojos de