C25- UNA MUJER MUERTA
El agua fresca de horchata dejaba un rastro dulce en la garganta de Emma, mientras observaba el ir y venir de la plaza desde la banca donde se habían sentado a descansar.
Ximena tenía las piernas cruzadas, el pie moviéndose al ritmo de una canción que salía de algún puesto cercano, la tarde pasando sin prisa alguna, entonces Emma bajó la vista al vaso, dándole vueltas al hielo, intentando que la pregunta saliera con el mismo tono despreocupado que había usado toda la tarde.