Capítulo 40. El Legado de la Falsedad
—Entra a la mansión ahora mismo, Elara. No discutas o te arrepentirás.
La voz de Alejandro sonó sumamente plana, pero cargada de una autoridad incuestionable. No se molestó en mirarla; sus ojos permanecían fijos en la mujer del vestido plateado que aguardaba a unos metros de distancia. Elara sintió cómo la presión de los dedos de Alejandro sobre su brazo disminuía, siendo reemplazada por un empujón suave pero firme hacia las puertas de cristal del pabellón. El cuerpo del hombre parecía rígido,