Capítulo 34. Lecho en Movimiento
—Piensas demasiado, Elara.
La voz de Alejandro cortó la oscuridad del balcón con una agudeza precisa, como si sus palabras fueran un bisturí diseccionando la quietud de la noche. El hombre permanecía de espaldas a la puerta corrediza de cristal que se abría de par en par, con la mirada fija en el horizonte de Madrid, salpicado por el centelleo de las luces de la ciudad; sin embargo, era evidente que sus pensamientos no estaban allí. El vaso de whisky en su mano derecha tintineó suavemente; el