Capítulo 109. La seducción de Marco
—No toques ese botón, Alejandro —dijo Elara con rapidez, usando una voz suave pero con una firmeza imposible de rebatir.
El arrugado dedo de Alejandro, que se encontraba a tan solo un milímetro de la pantalla de cristal del dispositivo, se detuvo en seco. El anciano levantó el rostro surcado de líneas y clavó en su esposa una mirada turbia que destellaba sospecha. Elara avanzó un paso sin hacer el menor ruido sobre el suelo de mármol, acortando la distancia entre ambos hasta que el aroma a jaz