Capítulo 122. La tristeza de Elara
—Gery, por favor, quítame esta máscara de oxígeno, quiero hablar con el hilo de voz que me queda antes de que sea demasiado tarde —susurró Alejandro, con un aliento que sonaba como el susurro de un viento nocturno y seco.
Gery no obedeció la orden de inmediato, sino que se limitó a apretar el agarre en los pasamanos de la silla de ruedas dentro de la sala de visitas del centro penitenciario de Madrid. Dos días después del silencioso funeral del pequeño Diego, Alejandro había insistido en aband