Capítulo 120. Diagnosis final para Diego
—¡Dejen a un lado sus malditos egos, porque el bebé ahí dentro no tiene tiempo para esperar lágrimas de un arrepentimiento tardío!
La voz de Elara se elevó, interrumpiendo los lamentos de Isabel, quien seguía postrada sobre el frío mármol del pasillo del Hospital Ruber de Madrid. Sus ojos ardían, ya no reflejaban la fragilidad de la mujer que alguna vez fue desterrada, sino la determinación de una madre yang veía el peligro de frente. Gery, de pie a su lado, apretó de inmediato el agarre de su