Las oficinas de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores ocupaban un edificio de cristal y acero en Paseo de la Reforma que parecía diseñado para intimidar. Ximena había pasado por ese edificio docenas de veces sin prestarle atención, pero ahora, mientras el elevador subía hacia el piso veintidós, sentía que cada metro de altura añadía peso a la revelación que estaban a punto de recibir.
Sebastián estaba de pie junto a ella, con las manos en los bolsillos de su traje gris oscuro y la mandíbula