Camila Solís Domínguez llegó al penthouse sin avisar un miércoles por la tarde, dos semanas después de la boda civil.
Ximena la oyó en el intercomunicador y dudó exactamente tres segundos antes de abrirle. No porque le sorprendiera la visita, que era exactamente el tipo de movimiento que Camila haría cuando decidiera que ya era momento de tener una conversación, sino porque esos tres segundos eran el tiempo que necesitaba para decidir cómo iba a tenerla.
Camila entró al penthouse con la postura