La cafetería sin nombre en la colonia Del Valle era el tipo de lugar que la gente pasaba de largo sin notarlo—un letrero descolorido que simplemente decía "Café", paredes de ladrillo expuesto con fotografías en blanco y negro de una Ciudad de México que ya no existía, y el aroma persistente de café recién molido mezclado con pan horneado que hacía pensar en domingos tranquilos y conversaciones que importaban.
No era El Péndulo como Javier había mencionado en la gala—Ximena había recibido mensaje